Te veo caminar a lo lejos, y mis pies se abstienen de acompañarte. Enterrados en la arena fría y escurridiza, se dejan acariciar por el llanto de las olas, mas no se mueven a buscar vida. Quisiera embarcar tu imagen y que se pierda con la espuma del mar. Que la playa se aleje y no regrese, que no vuelva más. Porque ni tú ni yo, somos los mismos. Porque tus prioridades y las mías han cambiado y nuestros destinos se empeñan en separar lo que un día fuimos.
Te veo caminar cada vez más lejos de mí, y una furia se desata en mi interior. El viento golpea mi rostro, humedece de sal mis labios y me pide que me aguante. Que no cometa una locura. Pero ya no encuentro sentido al vaivén ni a la gravedad de la luna. Logro alzar mi mano a mi garganta en aras de detener el ataque de ansiedad, la pérdida de tu cuerpo. Pues no volverás al puerto seguro de mis brazos ni anclarás en la tibia cuna de mis caderas. Mucho menos podré de ahora en adelante, aferrarme a tu pecho velludo y divino. Atrás quedarán igual las miles noches donde tu cuello servía de refugio al mío...
Te veo alejarte, y ya no quiero ser parte de esta tragedia. Mi grito se pierde con el choque de las olas en la orilla, llamo tu nombre y éste viaja instantáneamente a tus oídos, puras y llanas sílabas. Quimeras de recuerdos se esfuman a la vez que yo me desplomo en tu espalda y te abrazo como sino existiera el tiempo. Silencio es lo que escucho a pesar de la tempestad que se desata en mis adentros. No te vayas, pienso y no logro exhalar las palabras cuando me plantas un beso. Y muero, lentamente, en el néctar de tus labios. Y revivo, nuevamente, en la luz de tu mirada y en la seguridad de tus palmas rodeando mi cintura. Es una locura, cierto, pero tú te adelantas al hecho y sellas mis sufrimientos. No te he perdido, no me has perdido, hemos hallado el camino de regreso a casa.
Nuestra casa.
Voy a hacer de mi vida, una simple. Voy a dejar atrás los fantasmas que me persiguen. El pasado envidioso buscando una excusa para desalentarme. La vecina que se queja de que mi perro no la deja dormir. Desecharé incluso, las frivolidades que no hacen más que ocupar espacio en mi cuarto. Las pesadillas de ayer, los regaños de mis padres, las canciones recicladas.
Apagaré el teléfono, y me haré invisible como el viento. Responderé a mi misma y a la torpeza que tanto me caracteriza. Me quitaré por buen tiempo, las cargas que imponen los títulos. El nombre que tanto me limita, la voz que me comprete. Seré simple y llanamente, la soledad en carne viva. Degustaré el miedo de tirarme por paracaídas, zambullirme en la playa electrificante de tus ojos y empaparme de pura luz solar.
Inventaré mi estrella y soñaré contigo. Acuñándote en la hamaca cerquita del palmar, sin prisas ni gente a quien contestar. Porque haré mi vida tan simple que improvisaré mi historia, sorprenderé al presente y me haré eco de la independencia de mi ser.
Simplementente...seré.
Mejor es fingir que no pasa nada. Que escuchar el viento venir y recoger tu risa nerviosa, no me lastiman más que lo que tus ojos callan. Olvidar que te siento lejos, que es posible seguir adelante sin ti, hablarte por teléfono mientras te echo de menos. Dicen tus palabras que pierdo el tiempo. Perderlo como se deslizan los granitos de arena entre mis dedos. Dice tu cuerpo que pierdo el tiempo. Perderlo porque los abrazos no curan los dolemas, no borran los errores y no hacen añicos a la nostalgia. Dice tu voz quebrantada que todo saldrá bien, que pierdo el tiempo y que la preocupación me ha vuelto una amargada. Perderlo porque el contorno de mi cara sorprenderá a mis amigos, que el color de mis ánimos es pálido y deprimido. Pero ahora te digo yo, ¿de qué forma podré encontrar alivio? Si veo cómo sufres, si odio tu terquedad, si temo al futuro. Al día de mañana en que mi madre regrese del hospital y diga que el doctor ha hecho la operación. Que te recuperarás pero sabes que no serás el mismo. Que cuando despiertes serás un poco menos que ayer. Sí, temo al futuro como buena vividora del presente. Porque siento que te pierdo, y no puedo hacer nada para evitarlo. Porque siento que te pierdo, más rápido que nunca y de la peor forma posible…por pedacitos.
P.D. Un desahogo entre tantas tinieblas.
Sufrió años en la incertidumbre. Hizo amigos en la desolación. Corría por las noches, pero no podía huir de sus raptores. Quiso escapar del infierno, regresar a sus hijos, besar a su esposo. Pero cada plan trazado, se destruía antes del intento. Países lejanos tuvieron que alzar la voz en protesta. Los mismos colombianos temían por su vida. Ingrid Betancourt fue liberada de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y la gloria de su salvación persiguió a Francia.
La recibió Sarkozy, sus retoños abrieron sus brazos. Habían crecido, el tiempo no había pasado en vano. Ahora, ahora ¿qué? Después de la sesión de fotos, medios rogando por un pedazo de su memoria, las luces se apagaron. Ya era ciudadana ejemplar de una patria internacional, pero no podía fungir en la política. No era correcto si su corazón pertenecía a su amada Colombia. Hogar del que por poco, pudo acogerla como presidenta.
Betancourt realiza un viaje por Suramérica. Encontró era el momento, de devolver agradecimientos. El apoyo, la presión de las naciones, el calor latino. Como toda una estrella, transita por el albiceleste, se retrata con Kirchner y casualmente, estrecha su mano con Madonna. En una reunión que parecía de viejas amigas, a puertas cerradas conversan sobre temas de mujeres. La fortaleza, la edad, la maternidad, temas que comparten. Sonríen frente a la ironía, ¿quién diría, la chica material tuvo que encontrarse con la emergente “Evita”?
Luego de dos días, se distrae en las tierras áridas de Allende. A lo lejos, se pierde en los contornos de los Andes y se toma un café con Bachelet. “Discúlpeme usted, pero no la entendí bien”. Así como lo escuchaste ilustre fémina, te nomino al Nobel.
Y en menos de dos clicks, las páginas electrónicas se revuelcan. A pesar de todo, ser víctima tiene su recompensa. Betancourt para la paz, y García lo secunda. La gira cobra más fuerza, toda una celebridad de la esperanza, se crece su imagen. La libertad otorgada, un beso en la mano, el respeto ganado ¿por sí misma, o propinado por el alcance mediático?
Era de entenderse, si Kirchner y Bachelet demostraban su cariño. Otra mujer en la región, poder para romper el machismo. Pero al unirse García y otros líderes en camino, ¿en qué se basa la repentina promoción?
Por ser rehén, eres la indicada. Debes ser nominada, por no haberte revelado contra la autoridad. Por ser prisionera del miedo constante, eres la indicada. Debes ser nominada, por proteger tu vida y no suscitar la violencia en tu contra. Deja a otros la rebelión, eres dama. ¿Acaso este movimiento es propiciado por los inútiles esfuerzos? Para subsanar la impotencia de no haberse involucrado en la búsqueda de su figura. Por haber regañado a la FARC, censurar sus actos despreciables, ¡pero que nadie pida ayuda de nuestra parte!
Un premio importante como este, tendría que evaluarse detenidamente. Si por cada secuestro, se elogiara al rehén cuando fuese rescatado. Si por cada manipulación, se brindara una renumeración al afectado. Si por cada víctima por el tráfico humano, se erigieran monumentos a nombres de los niños, mujeres y hombres. Quizás, solamente quizás el premio no sería cuestionable. El silencio a causa del miedo o por extremada sabiduría, no siempre conlleva a una convivencia pacífica. Pudieran estas mentes estar tranquilas, sin conocer si verán la luz del próximo día, pero la furia no cesa. Puede la muerte perseguir tus pasos, y tú estar tranquilo con la vida que has llevado.
Pero jamás retrocede el furor por cambiar la situación, por regresar a los tuyos, por borrar el pasado, por olvidarse del futuro. Porque queda vivir el hoy. Un hoy sosegado por la frustración. ¿Es eso suficiente para recibir un premio? ¿Por qué el humano se empeña en recompensar lo que no tiene precio?
Cuando la paz no es estar tranquilo con uno mismo solamente; dígame Menchú, activista de derechos. Mencióneme a Lama, y le concedo la palabra. Nomíneme a Betancourt, y pondré en duda la calma. En tal caso, démele el premio a los que sufren en silencio ante la tempestad, quienes no pueden defenderse por sí solos, démele el premio. Y creeré en la paz.
Dos días, igualan a tres y otros tantos.
Un instinto lo debilita, la codicia puede más que él y decide tomar acción.
Secuestro. Violación. Asesinato. La combinación.
48 horas igualan a tres y otros tantos.
Los celos peligrosos, pueden más que él y decide tomar acción.
Asesinato. Lágrimas. Gritos. Niños en primera fila frente a la abominación.
720 minutos, igualan a tres y otros tantos.
El escrutinio, la falta de moral, puede más que él (fantasma sin rostro).
Reverendo. Asesinato. Escape. El trio para la condenación.
Días, horas, minutos, pero nadie menciona los segundos.
Ésos, que son más relevantes.
Porque quienes quedamos en el aspecto terrenal…
Quienes siguen las leyes y hacen de su vida de lo más normal…
Son blancos de ésos caballos del tiempo.
Uno basta, quizás dos o tres, para decidir tomar acción.
Y mueran otros tantos en la próxima ocasión.
P.D. Ante la ola de asesinatos macabros durante estos dos días.
Pedro Escribano entrevista a Rosa Montero, he aquí el final memorable de la periodista:
-A fin de milenio, en el terreno de las ideologías, ¿hacia dónde crees que camina el mundo?
-Las ideologías tradicionales están en crisis. Son sistemas de pensamiento cerrados, dogmáticos. El pensamiento marxista ha llevado a verdaderas aberraciones, de igual modo el pensamiento neoliberal.
-Entonces, ¿qué nos queda?
-Nos queda mucho. Nos queda repensar el mundo, nos queda el humanismo, la ambición de construir una vida más justa, pero no tiene por que ser bajo el amparo de una doctrina dogmática. Nos queda la libertad interior de cada uno, la libertad de pensar, la libertad de crítica y autocritica constante, de no ser autocomplaciente o conformista. Nos queda el valor y el rigor de pensarse el mundo todos los días para no ser conformista ni de derecha ni de izquierda. La doctrina dogmática suele decir que la realidad es así, y le creemos a tal punto que no tenemos que pensarla más. Eso es conformismo y contra eso estoy.
When the party was over and we were waiting in the lobby, for the bus to take us to the airport, the radio played that song. The one that instantly gave me the chills because it meant the end of a long road. A beautiful adventure now, written on stone. Going home, after a week of a honeymoon stage in the large city portrayed in some of my favorite movies. After, making new friends, learning to survive; to move alone in the streets of an unknown place.
Going home meant leaving all those memories behind. Or at least, I thought so. Until, the radio today, played that song again. And it all came back. The unsaid words, the undone things, everything I should have done but didn’t because of the fear. The fear of not acting correctly, not moving accordingly to the pace the professionals had set me to do. Today, the song played and I didn’t regret anything but listening to that fear.
Going home, never felt so wrong. Where is it anyway? I concluded this night, this day, that we cut little pieces of what we call “home” everywhere. You won’t feel whole again, once you met those who truly belong to your life crew, you will always miss them. Terribly. Even though, you may not know them completely. Even though, you may never see them again. They are part of your home now and will always be.
Por Natalia Bonilla
Escribir es una terapia que ya no practico tanto. Es el respiro del idioma, la sonrisa después de un día cansino, el desahogo de una noche silenciosa. Colabora a limpiar la esencia que arrastramos. Nos despoja, como buena madre, de las prendas que no queremos soltar, de los secretos que no nos atrevemos a decir. Al menos, no en voz alta.
Escribir es la perfecta excusa para escapar de la realidad. Es el príncipe azul de ésta vida complicada y mundana. Es el disfraz de mi alma que me permite adentrar al mundo relativo de las personas. Lejanas, enemigas, desconocidas e incluso, de aquellas a las que creo descifrar bien.
Escribir es el deleite de mi cerebro. Es el juego inmesurado que peligra al borde de la locura y me detiene de no perder la sanidad. Es la dósis que requieren mis dedos sobre el teclado, el elixir que necesitan mis ojos para poderme entender. El favor del acto va más allá de la expresión, se alza muy por encima de las comprobaciones de lectura anteriormente hechas; simplemente, da rienda suelta a mi imaginación.
Escribir es un acto sencillo en comparación con los otros a los que me obliga la sociedad con la que convivo. Permite desvanecer el tiempo, adelantarme al pasado y atrasarme en el presente. Me deja vislumbrar el futuro, me hace soñar con él…y de qué manera.
Escribir es una terapia que debería practicar con más ahínco. Pues es el porvenir de mis desaciertos, el único norte que, encuentro, le da sentido a mi existencia. Ayuda a perderme a propósito, una y otra vez, de la coherencia irritante de las palabras. Entre la ortografía y la gramática, la edición de otros escritos y el orden que deben seguir las oraciones; escribir me ha dado la oportunidad de crear hijos.
(Es) la única certeza que poseo. Es la única pasión que me completa, el verbo forjador de mi destino. Aún no he hallado razón para dudarlo y por algo me pregunto, ¿por qué no lo practico tanto?
Hace poco, dejé de recibir llamadas de mis amigos. No me acuerdo exactamente cuando fue, pero sé que no me resultó alarmante en su momento. Probablemente, porque me mantuve ocupada en otras cosas, -haciendo mi vida-, sin significar que ellos eran menos importantes.
Son importantes. Éso es lo sorprendente.
En algún instante, sientes que los años de secundaria se han perdido, la amistad de aquellos días no volverá, somos distintos. Quisiera pensar, que he sobrepasado la etapa de la adolescencia, cuando era necesario caer en un grupo social por el miedo de quedarte solo e incomprendido; y he aterrizado en otra, completamente diferente. Una en la que ya no dependo tanto de los demás. De sus opiniones, la moda que imparten e incluso su compañía. Sí, he aprendido a andar sola, recibir un aguacero de cantazos, haber tocado fondo, y levantarme, como si nada hubiese sucedido.
Hoy, tengo que coordinar citas con ellos. Encontrarnos en el “centro de todo” o hacer mil malabares por coincidir en los horarios para rescatar, ¡una pizca!, del tiempo que nos debemos. Porque a pesar de que los quiero y que a veces me contento con saber que puedo conseguirlos marcando un número en el teléfono, me abstengo. Por el trabajo, los estudios, la estabilidad (por definirlo de algún modo) del patrón desordenado que llevo.
¡Ah! No por estar lejos, son los primeros en enterarse de cuando las cosas van mal. No porque son extraños a la vista, con sus nuevos cortes de cabello, la reciente –y sufrida- figura que modelan y los gestos controlados al hablar, dejan de ser los últimos. Son los primeros en saber las desgracias, porque muy a fondo reconoces que no hay mejor persona que te pueda escuchar, consolar, o decirte sandeces para distraerte, como ellos. De cierta manera, están ahí acompañándote como tú a ellos, tal como Dios en los cielos, son tus ángeles personales en la Tierra.
Hace poco sí, dejé de recibir llamadas de mis amigos. Ahora nos fuimos literatos, nos escribimos. Por messenger, e-mail o facebook, ¡qué más dá! Nos cuidamos la espalda cibernéticamente, con un monitor de frente… así hemos evolucionado.
Estuvo, por encima de tus caprichos. Tus galanterías de última hora, tus frases escandalosas para acaparar la atención. Por encima de tus encantos seducibles y el ágil movimiento de tu lengua recorriendo tus labios. Incluso, de tu mirada atrevida que invitaba a la tentación.
Estuvo, muy por encima de tus mañas psicológicas. Tu inteligencia de cama y de criaturas mitológicas que representaban el eros y proclamaban al arte sexual. Estuvo, pendiente de mi, sin despejar un segundo sus ojos de los míos, con una sonrisa en el rostro, y la plegaria a punto de escapar de su garganta, de mandar a callarte.
Estuvo, divino. Como caballero, escuchando tus historias repetitivas porque sabía que fuiste importante para mí en un tiempo pasado y que ahora, solo estabas probando mi fortaleza. Si podía sobrevivir otra conversación donde fueras la ganadora por autodenominación y no por argumento. Estuvo él, con la chaqueta en una mano y con su derecha sobre la mía, fue entonces cuando me llevó consigo…y te dejó sola hablando.